Silent-wave nació en 2018 de una pregunta sencilla: ¿por qué el mobiliario que compramos parece diseñado para cualquiera menos para nosotros?
En un taller de Barcelona, tres artesanos compartían un taller y una frustración común. Llevaban años trabajando para grandes marcas, fabricando piezas hermosas que nunca llegaban a conocer a sus dueños.
Un día decidieron cambiar las reglas. En lugar de producir cien mesas idénticas, crearon una sola. Y hablaron con la persona que la iba a usar.
Esa conversación cambió todo. Porque descubrieron que el mobiliario no es un objeto, es una relación.
Creemos que el mobiliario debe envejecer contigo, no contra ti. Por eso trabajamos con maderas nobles que se vuelven más hermosas con el tiempo.
No perseguimos tendencias. Construimos piezas que seguirán teniendo sentido dentro de diez años.
Cada pieza comienza con una conversación. Queremos saber cómo vives, qué necesitas y qué te molesta de lo que ya tienes.
Después diseñamos. Y solo cuando estás seguro, fabricamos.
Somos ocho personas. Tres carpinteros, dos diseñadores, un especialista en acabados, una responsable de logística y una persona dedicada exclusivamente a escuchar.
Con más de quince años de experiencia cada uno, trabajan solo con maderas certificadas de origen europeo.
Formados en arquitectura e interiorismo, entienden que un mueble funciona cuando desaparece en el espacio.
Cada cliente tiene un único punto de contacto durante todo el proceso, desde la primera consulta hasta la instalación final.
No compramos madera de bosques tropicales. Trabajamos con proveedores locales que pueden rastrear cada tabla hasta su árbol de origen.
No tenemos plazos imposibles. Una mesa puede requerir tres semanas o cinco, dependiendo de la complejidad y del secado de los acabados.
Las piezas pequeñas de madera se convierten en objetos decorativos. El serrín se dona a granjas locales. Nada se desperdicia.
Si quieres visitar el taller y ver cómo se hace tu mueble, solo tienes que pedirlo. La mayoría de nuestros clientes lo hace.